martes, 12 de marzo de 2019

La Era del Debate Ilimitado


Por Daniela Casavilla



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El auge de las redes sociales trajo cambios irreversibles en el estilo de comunicación de nuestra vida cotidiana. En el año 2004, se comenzaba a utilizar por primera vez el término Web 2.0 para marcar las diferencias que surgían en cuanto a la Web 1.0. La nueva Web comenzaba a ser colaborativa. Los  usuarios construyen para más usuarios, diferenciándose de la modalidad de receptor pasivo, que se limitaba a buscar y recibir contenido subido exclusivamente por expertos. Con la siguiente Web entramos en los tiempos de la hiperconexión: cooperamos, participamos e intercambiamos. Bajo esta nueva dinámica, destacar resulta extremadamente complejo y simple a la vez.

Virtualmente, casi no existen límites. La cantidad de seguidores, likes y feedback, determinan el peso que ganan las opiniones. El tópico que más se debate en las secciones de comentarios, son establecidos como los temas del momento. En un lugar donde no hay precio de entrada, no hay fronteras para expresar y tampoco hay un alto a lo que puede llegar a afectar a terceros (la repercusión que queda tras el intenso debate, las huellas latentes en nuestro día a día). Las discusiones permanecen en el inconsciente de la gente, ya que las redes funcionan como un recordatorio permanente. 

Anonimato, feedback ilimitado y popularidad

Las redes construyeron un mundo aparte en donde a las personas se les permite crear una nueva versión de sí mismos. Eligen, en cierta medida, las condiciones en las que quieren comunicar; cómo se quieren mostrar; y buscan la forma de llegar a su público deseado (aunque podrían terminar atrayendo a una red mayor de la esperada, gracias al fenómeno de la viralización de tópicos y sus consecuencias). En el mundo colaborativo, es posible unir opiniones para debatir temas con otra fuerza, la que permite que las palabras y el apoyo sean los determinantes de quien ha tenido la “razón”. Por eso se dice que al convivir con las redes, tenemos la tecnología para la liberación.

Nos concebimos marcadamente individuales pero, al mismo tiempo, buscamos pertenecer a pequeñas subunidades o categorías.  Somos parte de un todo y, a la vez, entendemos que somos especiales y necesitamos demostrar por qué, compartiendo continuamente de nuestro ser y hacer. En cuanto a debates, los conceptos o respuestas que ganan la carátula principal, son las que acumulan más seguidores, compartidos y likes.

En resumen, las más difundidas. A consecuencia, surge la idea de que sin demasiado  apoyo, nuestra palabra ya no es tan aceptable o digna de ocupar el tiempo de interpretación. Sin embargo, al ser las redes un lugar que nunca se va “offline” y siempre está disponible para la visita y el feedback de nuevos participantes, las discusiones suelen tomar un carácter infinito. Nacen nuevos argumentos, se publican nuevas respuestas; pero, inevitablemente, al no haber fronteras, se podrían llegar a hablar de los temas que se habían discutido con anterioridad. Aquí el fenómeno de volver a lo que se creía pasado y permanecer a la deriva en un círculo de desentendimientos sin fin.

Los orígenes de la interacción web  y la separación de Grupos Sociales

La capacidad de conectarnos con gente de diferentes países, hace a las redes sociales actuales atractivas y caóticas a la vez. En un principio, se armaban sitios para comunidades de gente que se presuponían con características en común. En cambio, ahora es posible establecer nuestros intereses de una manera más autónoma, teniendo la libertad de recorrer toda la plataforma y seguir el contenido que nos atrae. Algunos ejemplos de las primeras páginas que creaban pertenencia a través de ciertos valores en común eran: MiGente.com; BlackPlanet.com; AsianAve.com. Cada página se destinaba a proveer un espacio en el que los usuarios tenían complicidad respecto a los que se presuponía que les incumbía y que necesitaban compartir.

El discurso de hoy es multicultural

Los usuarios hoy cuentan con un saber internacional que les permite participar en cuestiones que, en la práctica, no les afecta directamente. Gracias a los testimonios en primera persona sobre los conflictos en sus países, el acceso a estadísticas y vías estables de comunicación; nutrimos nuestras percepciones. Empezamos a colaborar con un otro que conocemos indirectamente. Ya no podemos ignorar lo que nos rodea, la era de la información nos mantiene en vilo de lo que pasa en varios espacios de manera simultánea. De igual modo, otros comienzan a interferir en nuestras realidades y aportan sus puntos de vista. Los distintos sitios de interacción nos sumergen en la intimidad de aquel que divisamos como exterior.

De manera progresiva incorporamos elementos de otras culturas, a medida que la conectividad nos une. Con el paso del tiempo, la comunicación construida con herramientas digitales no sólo cambian nuestra forma de pensar al incorporar al otro, sino que terminamos conociéndonos como un todo: los ciudadanos del mundo. Eso quiere decir que en toda discusión, todas las voces tratan de ser oídas y cada aporte cuenta, o al menos, eso se esperaría que sucediera. Lo online entremezcla tantos relatos que concluye siendo un portal hacia realidades ineludibles. Por consiguiente, resulta cada vez más difícil no participar de los debates ilimitados.

Fuentes consultadas: