domingo, 2 de junio de 2013

Modernidad / Posmodernidad: Rupturas y Transformaciones en la Educación

Por Ana María Cárdenas

A lo largo del siglo XX la sociedad ha sufrido cambios económicos, sociales, políticos y tecnológicos que han complejizado muchos planos de la vida y de las relaciones humanas.

Sin embargo, la permanente resistencia al cambio ha sido siempre una constante que ha dificultado la adaptación de los sistemas educativos para que respondan eficazmente a las exigencias de su tiempo.


Modernidad / Posmodernidad

La globalización y el crecimiento exponencial de la información que se comparte en la sociedad del conocimiento, han permitido profundizar los paradigmas planteados en la posmodernidad, cambiando la manera en que los hombres se relacionan y aprenden, con lo cual se han confrontado a los sistemas de educación con sus propias formas de transmitir y generar conocimientos.

Según Sandra Carli, el debate modernidad-posmodernidad surgió como respuesta a una época donde la mutación de referencias debilitó las verdades absolutas y proyectaron el futuro como una banalización de la historia. Lineal y extendido hacia un futuro determinado, la modernidad prevaleció la visión de un presente estable con miras hacia un progreso enmarcado por el desarrollo de las sociedades industriales.

Pero esta visión, a su vez, se fue distorsionando a medida que los avances tecnológicos comenzaron a generar cambios drásticos en las sociedades. Determinados, en parte, por la expansión del capital financiero, la transnacionalización de las economías, las transformaciones culturales y la creciente conectividad, los cambios fueron acelerándose dejando atrás a las instituciones y todas las estructuras pesadas que se oponían a una adaptación acorde con las nuevas lógicas posmodernas. Por tanto, la modernidad fue dando paso a contextos cada vez más complejos y caóticos, donde la velocidad de los cambios desequilibraron el presente de los individuos para proyectarlos a un sin número de futuros llenos de incertidumbre e inestabilidad.

Surgido en los 80’s, el debate sobre la posmodernidad se caracterizó por estar cargado de una dimensión negativa altamente crítica del pasado que abarcó diferentes disciplinas y corrientes. En la también llamada “crítica a la modernidad” se daba por hecho el fracaso del proyecto de la modernidad, representado por las construcciones homogéneas, la periodicidad histórica - hechos delimitados por un principio y un fin-, y además por la estandarización, la estigmatización y la especialización de los individuos (Carli, 2004).

Las discusiones filosóficas posmodernas centraron sus argumentos en tres tesis principales:
 
1. El fin de los grandes relatos e ideologías;
 
2. La relatividad del conocimiento, del estatuto de verdad y de los límites del saber;
 
3. La disolución de la idea del sujeto unitario y centrado.

Ahora bien, llevando esta discusión al plano de los sistemas educativos hay que tener en cuenta los elementos diferenciales y las variables de cada caso. En el caso particular de la Argentina, el debate de la posmodernidad fue más contundente a partir de la transición de la dictadura a la democracia. Esto debido, en gran medida, a la predisposición social del momento por enfatizar los pensamientos enfocados en las diferencias más que en las posturas totalitarias (Carli, 2004). Pero los elementos que han configurado las especificaciones de la educación argentina pueden analizarse desde mucho más atrás.

Con la revolución industrial, en la Argentina se abrieron tempranamente las discusiones sobre el planteamiento de la educación teniendo en cuenta el entorno y las necesidades económicas. Acorde con Tedesco en su libro “Educación y Sociedad en Argentina de 1880 a 1945”, el país se dividía políticamente entre los que contemplaban a la educación como una herramienta que le permitía a las personas insertarse en los procesos de producción más requeridos por el país y los que, por otro lado, configuraban los sistemas de educación según intereses particulares de clase y políticos. Sin embargo, la reestructuración del país en materia de educación prevaleció la tendencia de los intereses políticos, mientras que las exigencias económicas fueron suplidas por el conocimiento y la mano de obra de los inmigrantes frente al precario estado de la población local.

La economía de la época se había definido por mantener una estructura exportadora de materias primas e importadora de manufacturas. La organización latifundista de la distribución de las tierras, donde los militares tenían un porcentaje de participación sobre las expansiones territoriales, influenció para que las políticas se estructurarán de acuerdo a los intereses de los grandes empresarios y los propietarios. Así mismo, a medida que la infraestructura del país aumentaba, conectando a los centros de producción con Buenos Aires, se introdujeron nuevos elementos a la economía. Algunos de los nuevos productos encontraron su lugar como los vastos campos de trigo, que prosperaron gracias a su bajo costo de producción, mientras que la carne empezó a salir del país con la llegada de los frigoríficos. Sin embargo todo este avance agroindustrial sólo se perpetuó en zonas muy específicas del territorio nacional y por tanto fue dejando a muchas otras regiones por fuera de estos fenómenos de desarrollo.

La escuela y la educación de la época industrial argentina, y en especial la que respondía a intereses políticos, siguieron los parámetros tradicionalistas y de enciclopedismo característicos de la modernidad. Las ciencias humanísticas, la escuela única –sin espacio para las especialidades más técnicas requeridas por la oferta laboral- y la educación como patrimonio intelectual de las elites sociales, fueron los elementos predominantes de la educación por mucho tiempo. Pero, una vez que estas estructuras empezaron a confrontar sus propios intereses políticos y de clase, la educación empezó a ampliarse.

Acorde con Tedesco, la oferta de educación empezó a diversificarse a partir de 1890 cuando las bajas tasas migratorias evidenciaron el paupérrimo estado de la mano de obra local y las élites empezaron a verse amenazadas frente a la reclamación de poder de las clases medias educadas. “Si la función de los colegios nacionales y la universidad era formar una élite directiva, la función de la fragmentación del sistema en varias escuelas profesionales especializadas era la de alejar de esa élite directiva a otros núcleos de ascenso (social)”, explica el autor.

Ensanchar el territorio

Ahora bien, el caso argentino además nos sirve como ejemplo para explicar lo que Jesús Martín Barbero describió en su libro “Ensanchando Territorios” como los factores que permitieron que la educación dejara de ser un patrimonio exclusivo de intelectuales y de élites sociales. Dos elementos centrales -desorden y descentralización- son los que el autor considera como las claves para que ahora la educación haya pasado a ser un medio común por el cual la sociedad se organiza y cambia. Pero esta transformación, según el autor, se ha dado en la medida que los seres humanos hemos ido redefiniendo las formas de acercarnos al conocimiento.

En primer lugar está la razón, fuente argumental por medio de la cual los seres humanos podemos conocer la realidad y hemos podido desarrollar lógicas de saberes específicos y expertos. Si bien en la modernidad esta se consideraba pura, es decir como él elemento para conocer la verdad, el debate posmoderno no sólo la ha relativizado sino que también la ha considerado como uno de los elementos que ha llevado a la humanidad a poner en riesgo su propia existencia. La capacidad destructiva del hombre no sólo ha puesto en peligro el futuro de las próximas generaciones, sino que también ha puesto en riesgo la sustentabilidad del planeta y de otras formas de vida que lo habitan. Las explotaciones desmedidas de los recursos naturales, la contaminación, las guerras y otros rezagos del saber experto que han llevado a cuestionar a la propia humanidad como el holocausto y la manipulación genética; son parte de las secuelas de los grandes logros y de las grandes tragedias de la humanidad que han llevado a la sociedad a pensarse a sí misma como un riesgo.

Pero por otro lado, es gracias a este desarrollo del conocimiento que el hombre junto a la tecnología han redefinido los espacios y los tiempos. Las máquinas han acelerado y mejorado los procesos de producción, mientras que las nuevas tecnologías, y en especial la computación, se han ido alineando paulatinamente con el cerebro para el procesamiento y almacenamiento de información. Estas nuevas relaciones entre el cuerpo y las nuevas tecnologías han ido formado relaciones híbridas en el interior del individuo que a su vez han configurado las formas de acercarnos al conocimiento. Las tecnologías ahora son mediadoras y reconcilian el encuentro hipertextual con lo cual la imaginación y la razón, el hemisferio derecho e izquierdo respectivamente, se encuentran para que las personas utilicen la intuición, la sensorialidad del sonido, la imagen y la abstracción en la producción del conocimiento, de un nuevo saber (Barbero, 2000).

Además, Barbero considera que “hoy, una gran parte de los saberes, y quizá de los más importantes y socialmente valiosos, no pasan ya por la escuela ni le piden permiso a la escuela para circular por la sociedad”. Con lo cual el tercer enfoque planteado hace referencia al desordenamiento del saber y el gap que están llenando las nuevas plataformas tecnológicas y de información frente a la función escolar.

Educación y Comunicación

Los medios de comunicación y los nuevos formatos, están atravesados por lógicas del mercado y son a su vez espacios de reconocimiento social, legitimados y naturalizados por las generaciones más jóvenes. Con lo cual, el sistema educativo en vez de rechazar y criticar la gran atención que los jóvenes tienen por las nuevas tecnologías y redes sociales, deberían poner en perspectiva los modos de enseñar de la escuela y la educación superior. Ya que, a pesar de que haya una tendencia a pensar teniendo en cuenta la diversidad de puntos de vista -reconociendo que el hombre carece de un conocimiento único, totalizado y esencial-, la paradoja del presente sigue siendo la necesidad de que el sistema educativo transmita un conocimiento general, no dogmático y que fomente el debate: “La escuela sigue siendo, entonces, el lugar de transmisión de una visión del mundo, parcial, arbitraria, que no es la “verdad única sino una construcción histórica, pero que debe ser transmitida con fuerza de verdad” (Carli, 2004).

Los elementos emergentes de las críticas de la posmodernidad y la preocupación por pensar y diseñar el sistema educativo para que sea más acorde a las dinámicas y exigencias modernas, nos plantea entonces escenarios comunicativos desafiantes. En su libro “Transmitir más, comunicar menos”, Régis Debray reivindica algunos aspectos que el hombre posmoderno debería rescatar de la modernidad. Además, explica la importancia de pensar y rediseñar la enseñanza en términos espacio temporales. Siendo la comunicación transportada en el espacio y la transmisión en el tiempo, el mundo de hoy nos rodea velozmente de datos y de información que se muestra como urgente, pero que carece de esencialidad.

En una época donde prima la velocidad del acto de comunicar y de sus medios, estimulada por las sociedades modernas y las herramientas de alta tecnología, los vínculos entre personas se hacen más frágiles y efímeros.

Debray considera que “no porque se ponga al mundo en red se puede vivir en red con un mundo”, en parte porque las redes son multiplicadoras de los no lugares . Aquellos espacios definidos por el consumo y el tránsito, que no dejan marcas, ni recuerdos, ni ninguna otra huella temporal en los individuos.

Por un lado, Debray nos propone pensar en dos situaciones. Si bien el hombre moderno podía recorrer pocos kilómetros, debido a las limitaciones que tenía por la carencia de ciertas tecnologías, tenía la capacidad de pensar en términos temporales amplios. El espacio físico se acorta en la medida que el generacional se amplia, por eso es cada vez más común ver que las personas establecen relaciones de todo tipo a miles de kilómetros de distancia y que los más jóvenes son muchas veces los maestros de los mayores. Así, las distancias se vuelven ínfimas e irrelevantes, pero no somos capaces de soportar la demora, la estructura, la institución. Por esto es cada vez más inminente la victoria de los videojuegos y el internet sobre los sistemas educativos que aún conservan vestigios tradicionalistas, que siguen poniendo resistencia o que no tienen los medios necesarios para adaptarse.

Palabras Finales

El desorden, la fragmentación, las formas como conocemos y la resignificación del espacio-tiempo característicos de la globalización, configuran los nuevos modos de estar juntos y de comunicarnos.
 
Por tanto, para hacer frente al paradigma de la educación, esta debe hacer uso de sus lógicas dinámicas de interactividad, participación, convergencia, hipertextualidad y multimedialidad. Siendo un espacio de re-imaginación y recreación del espacio público, la escuela debe constituirse como un lugar de conversación entre generaciones (Barbero, 2000), donde prime la transmisión sin pretensión de totalidad. Porque como explican Graciela Frigerio y Gabriela Diker, la transmisión es fragmentaría y hace parte de una ilusión necesaria mantenida por las instituciones. Aquellas que como la escuela, según Carli, deben transmitir con fuerza de verdad, pero una verdad pensada desde la posmodernidad.

Finalmente, teniendo en cuenta la velocidad de los avances tecnológicos y la adaptación e incorporación de sus herramientas al sistema educativo, podemos considerar que aún las instituciones educativas siguen en una etapa de adaptación.
 
El mismo contexto en el cual se estructuran los sistemas educativos demandan por un lado cambios y medidas para que estos se adapten mejor a las necesidades de la oferta laboral, la economía de los países y el desarrollo integral de los individuos; pero al mismo tiempo muchas veces la idiosincrasia propia de las instituciones pone resistencia para fomentar la participación, el dinamismo, el uso de herramientas hipertextuales y multimediáticas, la movilidad y la creatividad en la construcción y transmisión de conocimientos. Elementos que de una u otra manera son resaltados en los debates y que deben ser incorporados de tal forma que puedan aportar a que la respuesta del sistema educativo frente a las existencias contemporáneas sea mucho más rápida, eficaz y contundente.

Bibliografía de referencia:
 
Barbero, J. M. (2000): Ensanchando Territorios, Publicado Comunicación-Educación: coordenadas, abordajes, travesías, Diuc/Siglo del Hombre, Bogotá, Colombia. C.E.Valderrama (Edit).

Tedesco, J. C. (1993): Educacion y Sociedad en la Argentina, 2da edición, Buenos Aires, Argentina, Ediciones Solar.

Carli, S. (2004): Los ecos del debate modernidad/posmodernidad en la Argentina y los desafíos de la formación en el presente. Conferencia en Congreso Pedagógico ¨La escuela hoy: logros, deudas y proyectos¨. 23 y 24 de septiembre de 2004. Argentina, Bernardino Rivadavia.
 
Frigerio G. y Diker G. Transmisión en las sociedades, las instituciones y los sujetos. Disponible en http://www.noveduc.com/index.php

Debray, R. (2007): Transmitir más, comunicar menos¨, A parte Rei revista de filosofía, número 50.