martes, 15 de mayo de 2012

Comunicación Punto Org

Por Alejandro Ruiz Balza


La ola democratizadora ha sufrido de la ausencia de formas organizadas de gobierno socialmente responsable y políticamente democrático a escala planetaria, lo cual aparece como la primera debilidad del presente orden mundial.

Esta ausencia tiene dos consecuencias principales. En primer lugar, reduce significativamente la capacidad de las formas de gobierno político local, nacional y regional para ejercer influencia y control sobre los acontecimientos y procesos económicos, sociales y políticos; un hecho que abiertamente admiten cada vez más los responsables políticos.

En todas las latitudes, la problemática de la mutación del espacio público, nacional e internacional, tiende, por otro lado, a ocupar un lugar importante en los enfoques críticos inspirados por la sociología, la ciencia política y la economía política.

También los estudios antropológicos sobre las culturas transnacionales y las identidades en lucha con los flujos de la modernidad global que, tanto en Asia como en América Latina, reflexionan sobre los complejos procesos de apropiación y reapropiación, de resistencias y mimetismos generando nuevos conceptos como: criollaje, mestizaje, hibridación o modernidad alternativa (Barbero, 1987; Ortiz, 1988; García Canclini, 1990) que se proponen responder a interrogantes que a la supervivencia de las culturas locales les impone la emergencia de un mercado único a escala mundial.

Existen intentos de varios “Teóricos de la Comunicación Corporativa” por adentrarse en la gestión de la comunicación del llamado Tercer Sector, extendiendo a este reglas concebidas para el management empresarial.

Sin embargo, estos desarrollos suelen perder de vista que estas nuevas redes sociales, más acá y más allá de la tecnología, forman parte de un creciente y necesario debate sobre la posibilidad de la generación de espacios públicos en la nueva escala y escena planetaria.

La multiplicación de las formas de comunicación, puestas en marcha por las organizaciones no gubernamentales o por otras asociaciones de la sociedad civil, constituyen una verdadera alternativa a los discursos y recetas unidireccionales globalizadas y sus múltiples repetidoras locales.

De esta manera el llamado Tercer Sector sería la expresión de la capacidad y del dinamismo social, el actor por ser promovido y la garantía de la existencia de una ciudadanía activa, participante y solidaria, donde la gente siente el poder de decisión sobre su destino, es decir, la regeneración de los espacios asociativos de participación social.

En este contexto, y frente a las exigencias y responsabilidades para la gobernabilidad del presente y del futuro inmediato, se hace necesaria la implementación de modelos de gestión comunicacional para organizaciones no gubernamentales (ONGs), que faciliten generar imaginativas relaciones de articulación de lo público, lo privado y lo social, para que allí cobre relevancia el equilibrio dinámico entre estos tres sectores.