lunes, 8 de marzo de 2010

Día Internacional de la Mujer

Por Fernando Marino Aguirre

Desde la segunda mitad del siglo XX, se ha profundizado un proceso recurrente de reflexión, luchas, marchas y contramarchas, por los derechos de la Mujer.

En la otra vereda, el núcleo central del sistema de creencias que esta importante lucha confronta e interroga, se sustentan a partir de la afirmación que lo universal es lo masculino y que la mujer es lo “otro”, el “afuera”, en nuestra cultura.

Cotidianamente, oímos, leemos, repetimos, frases como “los desafíos del Hombre”, “la situación del Hombre”, etc., asumiendo sin cuestionamientos que las palabras “Hombre” y “Humanidad” son sinónimos.

En realidad, se trata de una arraigada forma de opresión sobre la Mujer que podemos remontar en la historia al nacimiento mismo del Estado, cuando el Hombre tomó para sí el ejercicio exclusivo del poder. Su situación de desigualdad se ha mantenido en base a la violencia, más allá de la mayor o menor sutileza con que esta ha sido ejercida en las distintas sociedades.

La figura subordinada de la Mujer ha sido, y es, parte de un proceso de construcción cultural, en el cual la sociedad impone un modelo de dominación que se legitima culturalmente a partir de su definición en relación al Hombre.

Este más de medio siglo de lucha ha dado importantes resultados pero muy poco es lo que se ha avanzado desde entonces. Se le ha posibilitado acceder a niveles educativos más elevados, pero la remuneración de su trabajo y el acceso a ámbitos decisorios continúan estando relegados.

El ritmo competitivo que los tiempos que corren imponen, ubican a la Mujer -que con gran destreza lo afronta-, frente al dificilísimo equilibrio que implica el sostenimiento a un tiempo de su vida profesional y familiar.

Todavía la situación de la Mujer se encuentra en desventaja, tanto en el mundo del trabajo, como en el de la educación superior, y para ciertos sectores conservadores, la mejor carrera para ella continúa siendo el matrimonio.

En nuestra cultura, aún, la Mujer no es denominada por sí misma, sino como madre, esposa, hija, hermana. Los atributos con los que se la elogia sirven para relegarla a un segundo plano. Tanto el Hombre como la Mujer no nacen, se hacen, a partir de sus valores, sus actitudes y la coherencia entre los mismos.

Cuando se exalta su papel biológico de generadora de vida, se la está condenando a asumir un rol protagónico en el hogar con el que debe cargar a la par de sus esfuerzos para desarrollar actividades fuera de él, ya sean voluntarias o no, como búsqueda de su realización como persona o como aporte indispensable al sustento familiar.

En este marco, se ejercen sobre ella violencias de distinto signo, en el seno familiar y en el marco laboral. La Mujer no es considera una persona sino un objeto sin capacidad de decisión autónoma y es relegada al ámbito de la dependencia.

Aun el cuerpo de la mujer es considerado una mercancía. El ejercicio de la prostitución es cuanto menos tolerado con o sin el consentimiento de mujeres que muchas veces son esclavizadas para una vez más ser sometidas a las peores formas de violencia social.

Es necesario avanzar en el ejercicio real de la Soberanía de la Mujer, cuando todavía su capacidad para decidir sobre el propio cuerpo es debatida y decidida en ámbitos predominantemente masculinos.

Las luchas que miles y miles de mujeres han llevado adelante han comenzado a producir resultados y anima grandes espacios de debate público. Desde el seno de los grupos más conservadores de nuestra sociedad se ha adoptado una posición militante generando opinión, noticias, eventos, charlas e incluso lobby en contra de la Soberanía de la Mujer.

Escondidos detrás de la bandera del fundamentalismo, sus supuestas preocupaciones humanistas brillan por su ausencia frente a la evidencia abrumadora y vergonzante de la pobreza, la exclusión y desigualdad social. Nos encantaría que pusieran la misma “pasión” para defender los derechos humanos, el derecho a la alimentación, a la educación, al empleo decente, la vivienda digna, a la seguridad sin represión, etc.

América Latina, a lo largo del siglo XX, ha dado mujeres inolvidables que frente a cuestionamientos de clase o a la infame violencia del terrorismo de Estado se han levantando y enfrentado con un valor inigualable frente al silencio de muchos en los momentos más oscuros de nuestra historia.

Si bien se ha logrado la aprobación de leyes que garanticen los derechos de la Mujer, falta la honestidad y el compromiso político para cumplirlas y trabajar entre todos para disfrutar de los beneficios que de ella se derivan.

Por todo ello, en el Día Internacional de la Mujer, desde Comunicólogos queremos saludarlas a todas ellas y, al mismo tiempo, aspiramos a que desde nuestra disciplina se contribuya activamente a esta lucha permanente, tanto desde el discurso como desde la acción concreta.

Nota:

En 1975 las Naciones Unidas establecieron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, fecha que recuerda los infames hechos ocurridos 1908, en la Ciudad de Nueva York, cuando los propietarios de la Cotton Textile Factory encerraron a sus empleadas para que no pudieran unirse a la huelga en demanda de mejores salarios, reducción de la jornada laboral, abolición del trabajo infantil, derecho a unirse a los sindicatos, etc. Durante el criminal encierro se produjo un incendio en la fábrica que acabó con la vida de más de un centenar de trabajadoras.