viernes, 30 de octubre de 2009

El Concepto de Comunicación en la Comunicación Interna

Por Mariano Wiszniacki

La etimología de la palabra comunicación tiene al menos dos acepciones. La primera, que proviene del latín, surge durante el siglo XII y se emparenta con la idea de comunión/comunidad, de compartir, de comprenderse, de entenderse y tolerarse con el otro. La segunda, aparece en el S.XVI con la aparición de la imprenta, se masifica al calor de la revolución industrial y el posterior advenimiento de los medios masivos de comunicación y se identifica con transmitir, difundir, informar. Esta dualidad que acompaña a las ciencias de la comunicación y que Dominique Wolton denomina la oposición entre dos dimensiones de la comunicación: una comunicación normativa y una funcional, atraviesa la perspectiva con la cual se emprende la gestión en comunicación interna.

Uno de los errores habituales con el cual se tropieza es el de confundir los medios con los fines. Es decir, creer que trabajar la comunicación interna se basa en desarrollar técnicas o medios como el house organ, la cartelera, la revista, la intranet y otros, sin pensar los objetivos para los cuales éstos se realizan. La confusión, que no es patrimonio solamente de la comunicación institucional y cuya actualidad tiene su correlato con el discurso acerca de la sociedad de la información, se origina por olvidar que el objeto de gestionar los flujos comunicacionales de una organización está en perseguir la meta inconclusa: entenderse, comprenderse.

Así, si la demanda explícita de las organizaciones se sitúa en buscar canales para informar las novedades o difundir las modificaciones en un proceso, el rol del profesional estará en saber ahondar en ese pedido para desenmascarar lo que obstruye el diálogo: una comunicación de ida y vuelta, circular entre los actores de esa institución.

La tarea del comunicólogo no se sostiene solamente en la elaboración de eficaces medios/productos comunicacionales, sino en desentrañar los nudos problemáticos subyacentes que atraviesan a la organización. Para esto, necesita siempre tener presente los objetivos, metas, fines de esa organización con la cual trabaja. De lo contrario, es decir si sólo se dedica a generar soportes cual receta universal, es factible que elabore herramientas correctamente diseñadas pero altamente ineficientes.


Por tal motivo -y aunque suene a insistencia pedagógica- no se puede efectuar ningún trabajo de abordaje institucional si no se acompaña de un diagnóstico que logre comprender la historia, los nudos problemáticos, los lenguajes, en definitiva: las características identitarias de una organización.


De la mano del diagnóstico, el comunicólogo debe llevar su propio objetivo profesional como bandera: perseguir una comunión entre los integrantes de la organización, construir los espacios para que la comunicación sea sinónimo de comprensión, consenso y tolerancia para con el otro. Caso contrario, será un excelente productor de mensajes sin respuesta, un hacedor de una suerte de stand-up comedy institucional completamente ineficiente para fortalecer los vínculos organizacionales.

Bibliografía:

Wolton, Dominique: Pensar la comunicación. Buenos Aires, Prometeo Libros, 2007.