martes, 5 de diciembre de 2006

Opinión Pública II

Por Gisela Denise Wisniacki


carmina vel coelo possunt deducere lunam (1)

La Palabra Mágica: el hombre que no conoce la “Opinión Pública”

La noción “Opinión Pública” aparece como la resultante de la relación que algunos soportes –la palabra y el símbolo como elementos de base- producen en el campo socio-comunicacional, instalando y conformando una percepción, una visión, en fin, una “Verdad”.

En este sentido, en las edades primigenias el hombre todavía no conoce esta relación o bien la conoce de una manera inocente. “Para él, la naturaleza y la sociedad no sólo se hallan trabadas por los vínculos más estrechos sino que constituyen, en realidad, un todo coherente e inextricable, no hay ninguna línea de demarcación que separe nítidamente los dos campos. La naturaleza misma no es sino una gran sociedad, la sociedad de la vida. Desde este punto de vista podemos comprender fácilmente el uso y la función específica de la palabra mágica. La creencia en la magia se basa en una convicción profunda de la solidaridad de la vida (2).

Si los poderes de la naturaleza son invocados de la manera debida, éstos deberán responder. Ninguna relación más simple y sencilla entre el mundo y los hombres y entre los hombres entre sí. Sin embargo, en algún momento que seguramente habrá producido la peor de las angustias, el hombre percibió que la naturaleza era inexorable y que esta relación simple y sencilla era, justamente, demasiado inocente.

Logos: La función mágica de la palabra da lugar a la función semántica

“La palabra ya no está dotada de poderes misteriosos; ya no ejerce una influencia física o sobrenatural inmediata. No puede cambiar la naturaleza de las cosas ni compeler la voluntad de los dioses o de los demonios; sin embargo, no deja de tener sentido ni carece de poder (…) Su rasgo decisivo no radica en su carácter físico sino en el lógico: se puede decir que físicamente la palabra es impotente pero lógicamente se eleva a un nivel más alto, al superior; el logos se convierte en el principio del universo y en el primer principio del conocimiento humano” (3).

Se está en presencia, tal vez, del primer salto cuántico de la “opinión pública”: la famosa frase de Heráclito “el Uno nace de todas las cosas y todas las cosas nacen del Uno” ya está planteando una primera dualidad o separación (el Uno y lo múltiple) que –pese a que la historia ha presentado infinidad de intenciones por recuperar su unidad o bien ha aceptado el fundamento de esta dicotomía con optimismo- no volverá a reconciliarse nunca jamás. Sin embargo, si bien el pensamiento de Heráclito señala tácitamente la separación, su lógica brega aún por la posibilidad de armonía.

El Poeta: La palabra en camino desde el pensamiento prerracional al pensamiento racional

Más allá de si el hombre no se interrogaba o no le importaba la relación de comunicación entre los propios seres humanos, ésta no ha aparecido hasta ahora, sino que se ha visto la relación entre el hombre y el mundo, entre el hombre y la naturaleza.

Pero ¿cómo, cuándo y dónde comienza la palabra a adquirir un estatuto de “Verdad (Alétheia), la fuerza para configurar el mundo de los hombres, en fin, la “opinión pública”?.

Uno de los personajes más notables de la Grecia anterior al Agora es el poeta. El poeta con una doble función: “celebrar a los inmortales y celebras las hazañas de los hombres intrépidos (…) palabra que cuenta la historia de los dioses y palabra que celebra la hazaña humana (4).

Entonces, en primer lugar, con su palabra y con su canto el poeta fija la cosmogonía griega de aquella época, instaurando así el ordenamiento del mundo. En segundo término, el poeta se transforma, a través de su palabra y de su canto, en “árbitro supremo” en una sociedad que ha planteado el principio de igualdad entre todos los ciudadanos, “que no conoce otra distinción que la que se deduce del elogio y de la crítica (…) donde cada ciudadano ejerce un derecho de fiscalización sobre el otro y, recíprocamente, cada uno se siente bajo la mirada del otro (5).

(Cabe preguntarse si estas dos funciones del poeta –la de organizar el mundo y la de ser “árbitro” de sus semejantes- no tienen algún parecido a las funciones que hoy en día ejerce el periodista. Puede decirse que: 1. lo que los medios de comunicación muestran, existe, mientras que lo que no “aparece” en ellos, no existe; y que lo que los poetas cantaban “entraba” en la cosmogonía griega, mientras que lo que no cantaban, no. 2. que de algún modo y cada vez con mayor intensidad, los medios de comunicación imponen las reglas, “lo que está bien y lo que está mal”, en fin, “arbitra” en las sociedades actuales, tal como lo hacía el poeta a través de su “elogio y su crítica”. Si esto fuese así, el poeta se convertiría en el primer informador y formador de opinión pública, en el primer instaurador de “una verdad y no otra”) (juglares).

Notas:

(1) las palabras mágicas pueden, incluso, bajar la luna del cielo.

(2) Cassirer, Ernst. Antropología Filosófica. Fondo de Cultura Económica (1945), pág.
168.

(3) Marcel Detienne. Cap. II “La memoria del poeta”. Pág. 27.

(4) Ibid. Pág. 27.

(5) Ibid. Pág. 30.