miércoles, 4 de abril de 2007

Opinión Pública IV

Por Gisela Denise Wisniacki


"No hay mejor muestra del carácter de un hombre que las compañías que frecuenta. Y por eso, muy apropiadamente, el que tiene compañías respetables adquiere un buen nombre, ya que es imposible que no haya ninguna semejanza de carácter y de costumbres entre él y sus conocidos".
Maquiavelo


La Simbólica: Una Hermética conversación entre Libros.

En Opinión Pública I hemos comentado que la historia de Occidente oscila siempre entre formas semejantes. Aunque su contenido difiera, la percepción, la idea subyacente de algunas épocas pueden ser comparadas. Así, la Edad Media vuelve a presentarse como un escenario sin hombres, un tiempo en el que los protagonistas son algunos pocos seres humanos. El debate ya no se produce entre muchos (los ciudadanos o el pueblo), sino que se trata de un debate entre ciertas esferas específicas: el clero, el principado o los señores. En fin, la percepción del mundo, su ordenamiento, la conformación de la Opinión Pública se restringe a un círculo particular (14).

No se trata de un 'retroceso', como aparentemente podría pensarse. Se trata más bien de un nuevo envión pendular que retoma a una forma conocida y estructurada. Esta vieja forma a la que vuelve el péndulo continúa irremediablemente mediatizada, esta vez, impregnada de símbolos, de religión y misticismo, pero también de una lógica inexpugnable. Otro ordenamiento del mundo que se basa, contradictoria pero coherentemente, en el conocimiento y la creencia (15).

En este sentido, en la baja Edad Media, existían condiciones establecidas sobre las cosas que podían "entrar" y "no entrar" en la conformación de esta restringida "opinión pública". Por ejemplo, un dato curioso y hasta conmovedor se da con la prohibición de leer a los poetas (16), esos que antaño habían iniciado la profesión de instaurar una percepción particular del mundo.

Otro ejemplo de la absoluta mediatización que padece la baja Edad Media se evidencia en su obsesión por la simbólica. "(…) lo esencial es descifrar los mensajes (…) el maestro que lee a un autor entre sus alumnos, que traza sobre la esfera de los signos de las constelaciones, el monje que rumia las palabras de los salmos, esperan, según la palabra de San Pablo, acceder 'por lo visible a los invisible', penetrar por fin el enigma del mundo, es decir, alcanzar a Dios (17).

Paralelamente, en el ámbito del derecho, la Edad Media presentará una forma que no puede compararse con la separación de esferas de la Grecia del Agora ni con la moderna: "Si concebimos el país como la esfera de lo público, entonces nos las tenemos que ver con un poder público de segunda categoría: el poder ejercido en la casa por el señor; que, ciertamente, es un poder privado en relación al del país al cual está subordinado, pero que es privado en un sentido muy diferente del de la ordenación moderna del derecho privado. Así, me parece más clarificador entender que las facultades "privadas" y "públicas" de dominio se mezclan en una unidad inextricable, de modo que ambas emanan de un poder unitario, están adheridas a la tierra y pueden ser tratadas como legítimos derechos privados" (18).

Esta unidad inextricable de las facultades públicas y privadas de dominio deviene en la publicidad representativa, ligada al mismísimo atributo de la persona. No se constituye en un ámbito 'social', como una esfera de la publicidad; es más bien, algo así como una característica de status (19).

Camino a la Burguesía.
Una nueva separación de esferas.

Con el correr de la Edad Media, la publicidad representativa comienza a declinar, dando paso a nuevas figuras. "La última forma de la publicidad representativa, contraída y retirada en la corte del monarca y, al mismo tiempo, agudizada, es ya una reserva en medio de una sociedad que se está separando del Estado. Sólo ahora comienzan a escindirse las esferas pública y privada en un sentido específicamente moderno" (20). El péndulo vuelve a moverse. La separación entre las esferas privada y pública retorna desde la Antigüedad. La palabra fuerte y racional volverá al centro de la escena.

Notas:

(14) La restricción de este círculo puede encontrar uno de sus basamentos en uno de los cambios fundamentales que produce la Edad Media respecto de Grecia: es el lugar desde donde se piensa el especio político. "La alteración cristiana de las categorías griegas se traduce en especial en el hecho de que lo político ya no se concibe según el modelo del koiné sino según el del oikos; lo político se piensa entonces, fundamentalmente, sobre el modelo "doméstico" de la educación, con un 'padre' omnipotente representado por un Príncipe que reina tanto sobre sus súbditos como sobre sus 'hijos', mientras que el dominio público se transforma en asunto privado del soberano". (El Nuevo Espacio Público, J.M. Ferry. Cap. I. La transformación de la publicidad política. Pág. 16.).

(15) "Cuanto más logre cada uno de nosotros progresar en el conocimiento del Creador, más constatará que ese conocimiento lo ha agrandado y mejorado". (Texto de Raúl Glaber incluido en un apartado titulado "El estudio, vía de perfección", en El Año Mil. Georges Duby. Editorial Gedisa (1988). Pág. 44.

(16) "Un tal Vilgard se entregaba con pasión poco común al estudio del arte gramatical (siempre fue costumbre de los italianos descuidar las otras artes para seguir aquélla). Inflado de orgullo por los conocimientos de su arte, comenzó a dar señales crecientes de estupidez: una noche, los demonios tomaron la apariencia de los poetas Virgilio, Horacio y Juvenal y se presentaron ante él; fingieron agradecerle el amor con que estudiaba lo que habían dicho en sus libros y por servir con tanta fortuna a su renombre a los ojos de la posteridad. Por añadidura, le prometieron que algún día iba a compartir su gloria. Corrompido por esta manifestación diabólica, se puso a enseñar con énfasis muchas cosas contrarias a la Santa Fe: declaraba que las palabras de los poetas deben ser creídas de punta a punta. Finalmente Pedro, pontífice de la ciudad, lo juzgó hereje y lo condenó. Se descubrió entonces por toda Italia a numerosos sectarios de este dogma pernicioso, que también sucumbieron por el hierro o por el fuego". (Raúl Glaber, en El Año Mil. Georges Duby. Editoral Gedisa. (1988). Pág. 42.

(17) El Año Mil. George Duby. Editorial Gedisa (1988). Pág. 46.

(18) Historia y crítica de la opinión pública - La transformación de la vida pública -. J. Habermas. Editorial G. Gili. (1994). Pág. 45.

(19) Ibid. Pág. 46 y 47. para aclarar este concepto, Habermas explica además que "en tanto el soberano y sus estamentos 'son' el país, en vez de delegarlo meramente, pueden, en un específico sentido de la palabra, representar: ellos representan su dominio, en vez de para el pueblo, 'ante' el pueblo.

(20) Ibid. Pág. 50.