viernes, 4 de abril de 2008

Discursos Criticos y Lucha por la Hegemonía II

Por Karina Aphal


Luego de lo desarrollado en el material anterior nos preguntamos cómo estos discursos críticos podrían llegar a constituir espacios de lucha por la hegemonía del sentido.

En relación a nuestro tema, en el contexto de la globalización neoliberal, toda movilización por un objetivo parcial será percibida no sólo en relación con la reivindicación u objetivo concreto de las luchas de los movimientos por separado sino también como un acto de oposición respecto al sistema. Este último hecho es el que establece el lazo entre una variedad de luchas y movilizaciones concretas o parciales. Lo que establece su unidad no es, por consiguiente, algo positivo que ellas compartan, sino algo negativo: su oposición a un enemigo común. Pero, como considera Stuart Hall,“una cadena ideológica concreta se convierte en punto de conflicto, no sólo cuando las personas intentan destituirla, romperla o impugnarla por medio de su suplantación por algún otro conjunto de términos alternativos totalmente nuevos, sino también cuando interrumpen el campo ideológico para transformar su significado por medio de un cambio o rearticulación de sus asociaciones, por ejemplo, desde lo negativo a lo positivo. Cuando los movimientos sociales desarrollan un conflicto alrededor de un programa determinado, sucede que aquellos significados que parecían haber sido fijados para siempre empiezan a perder sus amarras” (1).

En el discurso se hace obrar un conjunto de relaciones determinadas atravesadas por efectos de poder y si el discurso es poder lo es porque produce, y produce porque en él hay materia y hay trabajo, y no sólo estructuras de significación. Se constituye como intento por dominar el campo de la discursividad, por detener el flujo de las diferencias, por constituir un centro. A estos puntos discursivos privilegiados de esta fijación parcial Ernesto Laclau los denomina puntos nodales de fijación parcial del sentido.

Siguiendo este argumento, la sociedad no consigue nunca ser idéntica a sí misma, porque todo punto nodal se constituye en el interior de una intertextualidad que lo desborda. Laclau define a la hegemonía como un tipo de relación política o una forma de la política pero no una localización precisable en el campo de una topografía de lo social. En una formación social determinada puede haber una variedad de puntos nodales hegemónicos. Evidentemente algunos de ellos pueden estar altamente sobredeterminados pero, en la medida en que lo social es una infinitud irreductible a ningún principio unitario subyacente, la mera idea de un centro de lo social carece de sentido. Según su punto de vista“la primera condición de una sociedad radicalmente democrática es aceptar el carácter contingente y esencialmente abierto de todos sus valores – y en tal sentido, el abandono de la aspiración a un fundamento único” (2).

Para este autor, el campo general de emergencia de la hegemonía es el de las prácticas articulatorias. Sobre el concepto de articulación agrega que “llamaremos articulación a toda práctica que establece una relación tal entre elementos, que la identidad de éstos resulta modificada como resultado de esa práctica. A la totalidad estructurada resultante de la práctica articulatoria la llamaremos discurso. Llamaremos momentos a las posiciones diferenciales, en tanto aparecen articuladas en el interior de un discurso. Llamaremos, por el contrario, elementos a toda diferencia que no se articula discursivamente. La práctica de la articulación consiste, por tanto, en la construcción de puntos nodales que fijan parcialmente el sentido; y el carácter parcial de esa fijación procede de la apertura de lo social, resultante a su vez del constante desbordamiento de todo discurso por la infinitud del campo de la discursividad” (3).

Un campo en el que los elementos no han cristalizado en momentos. En un sistema cerrado de identidades relacionales, en el que el sentido de cada momento está absolutamente fijado, no hay lugar alguno para una práctica hegemónica.

Un sistema plenamente logrado de diferencias, que excluyera a todo significante flotante, no abriría el campo a ninguna articulación; el principio de repetición dominaría toda práctica en el interior del mismo, y no habría nada que hegemonizar. Construir el concepto de hegemonía no supone un mero esfuerzo especulativo en el interior de un contexto coherente, sino un movimiento estratégico más complejo, que requiere negociar entre superficies discursivas mutuamente contradictorias.

Según Laclau, la política es posible porque la imposiblidad constitutiva de la sociedad sólo puede representarse a sí misma a través de la producción de significantes vacíos. En tal sentido da el siguiente ejemplo“el orden como tal no tiene contenido, ya que sólo existe en las varias formas en que es en los hechos realizado; pero en una situación de desorden radical, el orden está presente como aquello que está ausente; pasa a ser un significante vacío, el significante de esa ausencia. En tal sentido, varias fuerzas políticas pueden competir en su esfuerzo por presentar sus objetivos particulares como aquellos que llenan ese vacío. Hegemonizar algo significa, exactamente llenar ese vacío. Hemos hablado acerca de orden, pero obviamente unidad, liberación, revolución, etc., pertenecen al mismo orden de cosas. Cualquier término que en un cierto contexto político pasa a ser el significante de la falta desempeña el mismo papel” (4).

Respecto al contexto de la globalización, ¿qué significantes podrían pensarse como “vacíos”?. Nos animaríamos a decir que la democracia liberal, la diversidad cultural, el pluralismo de ideas y de alternativas, la igualdad de derechos, entre otros. Si esto fuera así, el objetivo de los movimientos antiglobalización pareciera ser el de constituirse en verdaderos espacios en pugna por llenar esos vacíos. Mediante sus tácticas comunicacionales se inclinan a luchar por otro modelo de sociedad, que respete la diversidad y los pluralismos que la globalización a la neoliberal está dejando de lado.

La significación – los lenguajes, los mensajes, la comunicación – no puede ser separada del funcionamiento de la sociedad en su conjunto y, más específicamente, de la producción social. Del mismo modo que la sociedad produce bienes en el plano económico e instituciones en el plano político, produce un conjunto de significaciones sociales.

Notas:

(1) Hall, S., Significado, Representación, Ideología: Althusser y los Debates Postestructuralistas en Estudios Culturales y Comunicación. Análisis, Producción y Consumo Cultural de las Políticas de Identidad y Posmodernismo, Págs. 58 – 59, Paidós, Barcelona, 1998.

(2) Laclau, E. Nuevas Reflexiones sobre la Revolución de nuestro Tiempo, Capítulo 4: Posmarxismo sin Pedido de Disculpas, Pág. 140, Nueva Visión, 1993, Selección.

(3) Laclau , E. y Mouffe, Ch., Hegemonía y Estrategia Socialista, Capítulo 3: Más allá de la Positividad de lo Social: Antagonismo y Hegemonía, Pág. 119 y 130, Siglo XXI, 1987.

(4) Laclau, E., ¿Por qué los significantes vacíos son importantes para la política? En Emancipación y Diferencia, Pág. 84, Editorial Ariel, Buenos Aires, 1996.