domingo, 17 de febrero de 2008

Discursos Críticos y la Lucha por la Hegemonía I

Por Karina Aphal


“El lenguaje y el comportamiento son, por decirlo de alguna forma, los medios de difusión, del registro material de la ideología. Es la modalidad de su funcionamiento. Estos rituales y prácticas siempre suceden en lugares sociales, vinculados a aparatos sociales. Por eso debemos analizar o desconstruir el lenguaje y la práctica para descifrar las pautas del pensamiento ideológico que en ellos se inscriben.”

Stuart Hall

La concepción hegemónica que define la comunicación como transmisión / circulación no se quedaría
solo en teoría, pues ella parece orientar también la política de conversión de los espacios públicos de la ciudad en lugares de paso, de fluida circulación, aunque se presente como mera e inevitable respuesta a la congestión.

En este contexto, no resulta extraño entonces que los nuevos movimientos sociales asuman como una dimensión fundamental de su lucha la cuestión cultural, y que ésta se halle formulada en términos de comunicación: a una comunicación hecha de meros flujos informativos y a una cultura sin formas espaciales los movimientos sociales proponen oponer la localización de redes sociales enraizadas en el territorio.

Jesús Martín – Barbero comenta que “después de largos años en los que el pensamiento crítico se aferró a colocar la inteligibilidad de lo social únicamente del lado de las determinaciones y las estructuras, la relevancia que cobra hoy la socialidad, a la hora de pensar las prácticas, no significa el desconocimiento de la razón codificante o la fuerza del hábitus sino la apertura a otros modos de inteligibilidad contenidos en la apropiación cotidiana de la existencia y su capacidad de hacer estallar la unificación hegemónica del sentido. Abandonando la remisión circular entre individuo y sociedad, lo que en la socialidad se afirma es la multiplicidad de modos y sentidos en que la colectividad se hace y se recrea, la polisemia de la interacción social” (1).

Siguiendo ahora con el análisis de Martín - Barbero, si mirada desde la socialidad la comunicación se revela cuestión de fines – de la constitución del sentido y del hacerse y deshacerse de la sociedad-, mirada desde la institucionalidad la comunicación se convierte en cuestión de medios, esto es de producción de discursos públicos cuya hegemonía se halla hoy paradójicamente del lado de los intereses privados que tratan de imponer una única forma de analizar nuestra realidad.

Según Göran Therborn las ideologías someten y cualifican a los sujetos diciéndoles, haciéndoles reconocer y relacionándolos con:

1) Lo que existe y lo que no existe; es decir quiénes somos, qué es el mundo y cómo son la naturaleza, la sociedad, los hombres y las mujeres. Adquirimos de esta forma un sentido de identidad y nos hacemos conscientes de lo que es verdadero y cierto; con ello la visibilidad del mundo queda estructurada mediante la distribución de claros, sombras y oscuridades.
2) Lo que es bueno, correcto, justo, hermoso, atractivo, agradable y todos sus contrarios. De esta forma se estructuran y normalizan nuestros deseos.

3) Lo que es posible e imposible; con ello se modelan nuestro sentido de la mutabilidad de nuestro ser-en –el- mundo y las consecuencias del cambio, y se configuran nuestras esperanzas, ambiciones y temores.

De esta forma, Therborn sugiere que:“estas tres interpelaciones y su recepción tienden a entrelazarse empíricamente, pero el desenmarañamiento de su lógica interna pone al descubierto algunos defectos y omisiones importantes de la aproximación tradicional a las ideologías y al poder. La aproximación liberal al estudio de las ideologías políticas, con su preocupación por el “consenso” y la “legitimación”, por lo general se ha concentrado exclusivamente en el segundo modo de interpelación, en las concepciones de la buena sociedad, en la forma de gobierno o de régimen, olvidando la configuración del conocimiento y la ignorancia, de las ambiciones, las esperanzas y los temores. El tradicional interés de los marxistas por la “conciencia de clase” ha tendido a centrarse exclusivamente en los dos primeros aspectos de la formación ideológica, haciendo caso omiso del tercero. Pero, por supuesto, es posible ser un miembro altamente concientizado de una clase explotada sin ver por ello una posibilidad concreta de poner fin a dicha explotación” (2).

¿Qué es lo que hace que una clase explotada que toma conciencia de su explotación quiera revertir su situación?. En el caso de los Movimientos Antiglobalización la pregunta se centraría en por qué frente a un proceso socioeconómico y cultural instalado en la sociedad como es la globalización y frente al cual toman conciencia que un proyecto de esta naturaleza puede dar cuenta de lo que esa sociedad y el mundo son en su totalidad, comienzan a construir discursos críticos y a generar iniciativas de organización en red para proponer alternativas que le impriman un carácter distinto a esa globalización.

Cornelius Castoriadis ha considerado que en estas condiciones, los hombres tienen que dar a su vida individual y colectiva una significación que no está preasignada, y que tienen que hacerlo frente a unas condiciones reales que ni excluyen ni garantizan el cumplimiento de su proyecto. En tal sentido, agregaríamos que: “Como dice Lacan, el inconsciente es el discurso del Otro, es en una parte decisiva, el depósito de los puntos de vista, de los deseos, de las ubicaciones, de las exigencias, de las esperas – de las significaciones asignadas al individuo por los que lo engendraron y criaron a partir del momento de su concepción, e incluso antes. ¿Qué es un discurso que es mío? Aquel que ha negado el discurso del Otro, que lo ha negado no necesariamente en su contenido sino en tanto que es discurso del otro, dicho de otra manera, que explicitando a la vez el origen y el sentido de este discurso lo negó o afirmó con conocimiento de causa remitiendo a su sentido a lo que se constituye como la verdad propia del sujeto- como mi propia verdad. La autonomía no es elucidación sin residuo y eliminación total del discurso del otro no sabido como tal. Es instauración de otra relación entre el discurso del otro y el discurso del sujeto. La eliminación total del discurso del Otro no sabido como tal es un estado no histórico” (3).

Para Foucault el discurso no es simplemente lo que manifiesta el deseo, es también lo que es el objeto del deseo, no es simplemente aquello que traduce las luchas o los sistemas de dominación sino aquello por lo que y por medio de lo cual se lucha, aquel poder del que quiere uno adueñarse.

El movimiento antiglobalización busca definirse a partir de un enemigo común (la globalización neoliberal) produciendo discursos sobre el respeto por la identidad, la construcción posible de modelos socioeconómicos alternativos y el respeto por la tierra y el medio ambiente como herramientas para pensar un desarrollo sustentable y a largo plazo, entre otros.

Notas:

(1) Martín – Barbero, J.; El Oficio de Cartógrafo, Segunda Parte: Años ´90 – Pensar la Sociedad desde la Comunicación, Pág. 230.

(2) Therborn, G. La Ideología del Poder y el Poder de la Ideología Capítulo I, Pág. 17, Siglo XXI Editores, México, 1987.

(3) Castoriadis, C., La Institución Imaginaria de la Sociedad. Volumen I. Cap. II, Apartado II “ Autonomía y Alienación”, Pág. 174 – 178, Tusquets, Barcelona, 1983.