viernes, 16 de noviembre de 2007

Opinión Pública VII: La Naranja Mecánica

Por Gisela Denise Wisniacki

“En la fragua de mi espíritu se ha ido forjando un significado particular de la gran palabra realidad; yo miro la realidad, que antes despreciaba tanto, y tiemblo…”.
-Bielinski-


‘¡La palabra fundadora ha muerto. Que viva la fragmentación!’, grita el mundo de hoy.El filósofo George Setiner señala que lo que caracteriza a la sociedad contemporánea es el ascenso del comentario en detrimento del mensaje original, que tiende a desaparecer: “Si la palabra de Cristo se hubiera transmitido por los medios actuales nos hubiéramos vuelto paulistas y no cristianos, ya que fue San Pablo el que hizo la mediación más fuerte. El mensaje moderno favorece más al mediador que al productor”, dice Regis Debray.

La mediación de la mediación de la mediación (la rosa es la rosa es la rosa es la rosa es la rosa) envuelve a la sociedad contemporánea en un laberinto de dificilísima salida. Algunos sostienen que los medios de comunicación amplían el espacio público merced a su transnacionalización; otros, que lo achican en tanto que lo reducen a un lugar de re-presentación política (los medios anquilosando el sentimiento futbolístico), haciendo suplantar la ‘asamblea’ por la ‘audiencia’. Semejante disparidad de opiniones demuestra la riqueza de variedad y co-implicación a la que ha llegado el mundo.

También el deseo ha sido fragmentado. El deseo ha sido como escondido, como subsumido en un lugar oscuro. Entre ese espacio representado, mediado, se ha perdido. Cabe preguntarse si el hombre moderno tiene la capacidad suficiente para soportar esta clase de realidad, si tiene la tolerancia suficiente para vivir como tal, como hombre, en este estado de cosas. Escindido entre su vida cotidiana y su pensamiento de una manera casi desgarradora, para él ¿murió el encanto?:“Yo hablo de la necesidad de una revolución subjetiva en la inteligencia, en la sensibilidad, en el deseo y en las relaciones sociales. El deseo, en particular, es algo totalmente explotado en la sociedad capitalista, en la publicidad, en el consumo. Siempre se trata de una neutralización del deseo, que consiste en proponer módulos de deseo estandarizado” (1).

Vivimos inmersos en una ‘falsa verdad’ (2), como si la historia se hubiera corrido sutilmente de su centro, casi sin darse cuenta, mientras corre un velo sobre la ‘realidad pura’: “Una sociedad democrática no puede aceptar este tipo de participación, que implica una responsabilidad compartida en cuanto a los efectos y un delegar en cuanto a las causas, así como una inmediatez de la participación en el desastre y una irresponsabilidad espectacular. El ‘tiempo real’ trastorna los mecanismos de la representación democrática” (3).

La inmediatez cotidiana del conocimiento mediatizado de la realidad enfrentado con un desconocimiento impotente se transforma en una mezcla rara difícil de sostener.

Tal vez, las nuevas tecnologías retomen algún tipo de sustento o de soporte sobre la realidad, para que los hoy pequeños sectores de la sociedad que tienen algo que decir se unan y se fortalezcan para construir otro espacio público en el que se restituya la palabra.

Quizá, las próximas tecnologías tengan la capacidad de producir un efecto como el de Alicia cruzando el espejo. Una realidad pura-mediatizada, pero que recupere, al menos, ese aproximamiento a lo tangible.

Notas:

(1) Félix Guattari (reportaje realizado por el diario Clarín, Jorge Halperín, 3-11-1991). Al respecto, este psicoanalista agrega: “Porque en el deseo hay siempre un vértigo, un miedo, una angustia. Una toma de conciencia de esta cosa extraordinaria que es saber en qué consiste el hecho de estar en este planeta. Pero en el deso controlado por los medios de comunicación no se quiere saber de la existencia de la muerte, de la enfermedad, de la pasión, de la vejez, de la riqueza poética del mundo (…) La subjetividad infantil es tal vez la más rica, la más polifónica. Por eso hay que hacer una diferencia entre la subjetividad de la infancia y lo que llamo la infantilización de los adultos (la pérdida de la inocencia, diríamos en esta monografía), que consiste en infantilizar la infancia, en perder lo que tiene la infancia de color vivo, la capacidad de ruptura con la significación dominante, la capacidad de percibir la vida vegetal, la vida animal, la relación cósmica y un cierto tipo de erotismo multidimensional. En resumen, hay que escaparse de las imágenes estandarizadas de la vida cotidiana”.

(2) El concepto de ‘falsa verdad’ acuñado por Noam Chomsky, fue mencionado por el periodista Hernán López Echagüe durante el programa televisivo “Las patas de las mentiras”. De por sí, “Las patas de las mentiras” critica el espacio público de hoy, por excelencia televisivo, desde el mismo soporte: la televisión (el medio da para todo). Pero lo más llamativo es que López Echagüe mencionó el concepto en el siguiente contexto: fue invitado al programa para hablar de su libro “El Otro”, sobre el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde. Tan mezclada está la significancia del espacio público actual y tan difusos sus límites, que en “Las patas de las mentiras” se mostró un tape en el cual el político se defendía de las acusaciones endilgadas por el periodista en el programa de Mariano Grandona “Hora Clave” (rodeado por toda su familia) mientras que el periodista declamaba que iría con ‘todas las pruebas’ a la justicia y que no las haría públicas ante las cámaras de televisión.

(3) Toni Negri (en el artículo “Comunicación y Democracia”, Pág. 12. 26-02-1991.