sábado, 6 de octubre de 2007

Opinión Pública VI: Hacia la Sociedad de Masas

Por Gisela Denise Wisniacki

Una opinión basada en la Razón, hija de la Ilustración, fundada sobre la argumentación pública y la discusión racional, dirigidas sobre la base de la libertad formal y la igualdad de derechos; una opinión “culta” (1), deja paso, ahora a la opinión pública nacida de la sociedad de masas: “La opinión pública no es ya ese concepto heredado de la Ilustración, concepto normativo de una opinión (idealmente) formada con la razón. Designa más bien a la masa segmentada de opiniones particulares en las que se expresan intereses divididos y hasta conflictivos”. (2)

La opinión pública es delegada hacia un nuevo tipo de representación que esta vez no se caracteriza por un ‘código noble’: es el Parlamento y la Prensa. La cantidad numérica que abarca al total del “público” se agranda ahora y el espacio es toda la humanidad. “(…) el carácter público de la opinión, es decir, su representación institucionalizada en la Prensa y el Parlamento, ya no puede ser identificada como antes con algo así como una ‘voluntad general’ digna de ese nombre” (3).

“A la imagen del hombre que nos presenta el Iluminismo –al ser racional que debate sus opiniones en el campo abierto de la libre polémica a través de un proceso discursivo- la sustituye un hombre cuyas opiniones no son sino la justificación de impulsos racionales que él mismo desconoce” (4).

Algunos pensadores inmersos en la sociedad de masas advierten sobre procesos ‘irracionales’: “el hombre masa (…) movido por impulsos irracionales cuyo origen y naturaleza le son ocultos y en nombre de ideologías que son meros clisés o estereotipos, y que constituyen las antípodas mismas del fruto largamente madurado de su raciocinio y reflexión (5).

Pareto y Freud son los exponentes. No se trata aquí de explayarse sobre sus teorías (de los residuos y las derivaciones y el psicoanálisis, respectivamente), pero sí dejar sentado que siempre se intuyó que ‘algo’ no encajaba dentro de este esquema tan representativo, tan formal y tan racional que parece querer esconder la naturaleza más primigenia del hombre.

Después de la primera época de la burguesía, en plena sociedad de masas, la palabra pierde fuerza nuevamente para el ciudadano, diluída entre una representación formal, y una cantidad infinita de voces que no se encuentran, ni se tocan, ni se escuchan.

Notas:

(1) Cabe destacar que la modalidad de la primera opinión pública burguesa (en el sentido de una opinión ‘autorizada’) persiste y mantiene su influencia hasta el día de hoy. Así, el Diccionario Consultor Político (J.C. de la Vega, Librograf Editorial S.R.L.) editado recientemente, en 1884, define a la Opinión Pública de la siguiente manera: “(…) En primer lugar, no puede ser confundida con la suma de opiniones individuales, frente a cualquier situación colectiva. La opinión pública es una opinión autorizada y calificada, porque se refiere a fenómenos y principios que tienen una cierta importancia y significación, y ejercen influencia en la vida de la sociedad. Por el contrario, la suma de opiniones individuales, sobre cualquier fenómeno colectivo, ya se trata de un acto político, como de un espectáculo artístico, no constituye lo que propiamente se denomina opinión pública, sino que representa la opinión del público”.

(2) El Nuevo Espacio Público. Cap. I. Las transformaciones d ela publicidad política. J.M. Ferry. Editorial GTedisa. Barcelona 1995. pág. 17.

(3) El Nuevo Espacio Público. Cap. I. Las transformaciones d ela publicidad política. J.M. Ferry. Editorial GTedisa. Barcelona 1995. pág. 17.

(4) La Opinión Pública y la Propaganda. Capítulo III. Surgimiento y crisis de la noción de opinión pública, por Gino Germani. Editorial Paidos. 4ta. reimpresión. México 1993.

(5) Ibidem
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