viernes, 18 de mayo de 2007

La Lucha Antiglobalización

Por Karina Aphal

¿Dónde situar el vínculo de estos movimientos y organizaciones con lo que se conoce como la lucha antiglobalización?. Como sabemos, el proceso global estaría lejos de ser unidireccional y buscaría apropiarse de los diferentes aspectos que hacen a la vida de los pueblos. La lucha antiglobalización se opone a él llevando adelante protestas y manifestaciones, organizando debates donde se repudian las acciones de un modo de pensamiento que intenta imponerse al mundo, denunciando crímenes de diverso índole, etc.

Para Ignacio Ramonet la antiglobalización es sencillamente el conjunto de protestas, en todos los continentes, de todos aquellos (mujeres, hombres, campesinos, indígenas, ecologistas, obreros, estudiantes, maestros, minorías culturales) que se ven afectados negativamente por la globalización liberal. Según el Director de Le Monde Diplomatique “la antiglobalización no es evidentemente un partido, es una galaxia que reúne a asociaciones muy diversas, opuestas a veces entre si pero que coinciden en la denuncia de la globalización. No tienen sede, ni tampoco jefes comunes. Pero se dan cita para manifestar en donde se reúnen los nuevos amos del mundo: el Grupo de los Siete (G7), Davos, las Cumbres Europeas, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Banco Mundial. Y, una vez al año, a finales de enero, en Porto Alegre, Brasil, con ocasión del Foro Social Mundial. Pero aquí no vienen a manifestar ni a protestar sino a sugerir correctivos y a proponer soluciones para que por fin, efectivamente, otro mundo sea posible”.1

Existe cierto consenso en que el movimiento antiglobalización adquiere conocimiento público tras las grandes movilizaciones que en noviembre de 1999 se sucedieron en Seattle contra la Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El objetivo de la reunión de la OMC era inaugurar un nuevo ciclo de negociaciones con el fin de alcanzar un Acuerdo sobre Servicios (General Agreement on Trade in Servicies – GATS) que haría extensiva la ley del librecambio a sectores a los que cabría considerar como bienes públicos tales como la cultura, la salud, la educación y el medio ambiente.

El Memorial Stadium fue escenario del gigantesco acto Labor Rally donde participaron 30.000 militantes sindicales, convocados por la dirección de los sindicatos americanos (AFL-CIO). Al finalizar el acto 50.000 personas marcharon por las calles de Seattle haciendo fracasar la apertura de la reunión de la OMC y bloqueando las reuniones en los hoteles de los lideres globales. A este núcleo de militantes sindicales se sumaron miles de estudiantes, de ecologistas, feministas, campesinos y agricultores, activistas de derechos humanos que coincidían en la protesta contra las políticas de los Organismos Multilaterales.

Las movilizaciones culminaron el 30 de noviembre en las calles con la llamada Batalla de Seattle. La policía reprimió salvajemente con balas de goma y gases pimienta. Durante toda la noche se libró una verdadera batalla en las calles donde miles de activistas fueron detenidos. En aquel momento, el fracaso de la reunión exacerbó las controversias comerciales entre Estados Unidos y la Unión Europea.

En un artículo publicado en el Diario El País en julio de 2001, Manuel Castells se preguntaba por las características de este movimiento en contra de la globalización y ensaya la siguiente respuesta: “unos piden un mejor reparto de la riqueza en el mundo, rechazan la e xclusión social y denuncian la paradoja de un extraordinario desarrollo tecnológico acompañado de enfermedades y epidemias en gran parte del planeta. Otros defienden al planeta mismo, a nuestra madre Tierra, amenazada de desarrollo insostenible, algo que sabemos ahora precisamente gracias al progreso de la ciencia y la tecnología. Otros recuerdan que el sexismo también se ha globalizado. Otros defienden la universalización efectiva de los derechos humanos. Otros afirman la identidad cultural y los derechos de los pueblos a existir más allá del hipertexto mediático. Algunos añaden la gastronomía local como dimensión de esa identidad. Otros defienden los derechos de los trabajadores en el norte y en el sur. O la defensa de la agricultura tradicional contra la revolución genética. Muchos utilizan algunos de los argumentos señalados para defender un protecteccionismo comercial que limite el comercio y la inversión en los países en desarrollo. Otros se declaran abiertamente antisistema, anticapitalistas desde luego, pero también anti-Estado, renovando los vínculos ideológicos con la tradición anarquista que, significativamente, entra en el siglo XXI con más fuerza vital que la tradición marxista, marcada por la práctica histórica del marxismo-leninismo en el siglo XX. Y también hay numerosos sectores intelectuales de la vieja izquierda marxista que ven reivindicada su resistencia a la oleada neoliberal. Todo eso es el Movimiento Antiglobalización”. 2

Dentro de esa diversidad, si un rasgo los une es tal vez el lema con el que se convocó a la primera manifestación de Seattle: No a la globalización sin representación. No pretenden converger en la forma y el tono de las protestas y las propuestas sino unirse en la oposición a lo Global y su intento de imponer una única visión del mundo, desde las diferentes cuestiones que este pensamiento único parece ignorar. González Casanova afirma que “actualmente los movimientos sienten que deben ir más allá de la crítica y tienen la necesidad de repensar y reorganizarse para resistir y construir un mundo alternativo, como un proyecto práctico y practicable, con menos opresión”.3

Las organizaciones antiglobalización tienen como común denominador la idea de denunciar al modelo neoliberal, el cual conduce al enriquecimiento de unos pocos en perjuicio de muchos, no propicia una redistribución más igualitaria y lleva a los niveles más bajos de pobreza a los sectores ya pobres.

Para ello, se centran en diferentes cuestiones:

Los capitales especulativos;
La defensa de los derechos humanos;
El cuidado del medio ambiente;
La búsqueda de espacios de discusión y debate;
La posibilidad de controlar los grandes medias;
La información;
Otro Mundo es Posible;

La construcción de ese mundo alternativo requeriría primero de dar a conocer las propuestas, de generar espacios para la discusión de las mismas y favorecer la participación ciudadana en una lucha que no puede ni debería ser de unos pocos.


Notas:

1 Ramonet, I. revista.consumer.es/web/20010701/entrevista/ , Entrevista Publicada en el n° 46, Julio – Agosto 2001 de esta edición digital.

2 Castells, M., Globalización y Antiglobalización. Diario El País, Martes 24 de julio de 2001.

3 González Casanova, P. La lucha de los Movimientos Sociales, publicado en www.universia.net.mx