sábado, 3 de febrero de 2007

Internet, Comunidades Virtuales y Sociedad

Por Mariano Wiszniacki


Desde el acelerado crecimiento de las nuevas tecnologías y particularmente con el desarrollo de Internet, se habla constantemente tanto en la industria cultural como en medios académicos de la presencia de una “era de la comunicación”. Esta aseveración, tan contundente como facilista, obliga a repensar qué entendemos por comunicación y si no confundimos algunos aspectos fundamentales de ese concepto con un bombardeo informativo ilimitado.

Internet es, se presenta a sí misma, como el paradigma de la comunicación o mejor dicho, como la utopía de una comunicación sin límites ni fronteras territoriales. Las tecnologías acercan a las personas, achican las distancias espaciales y temporales entre los seres humanos. Esto es válido tanto para los automóviles, como para los teléfonos, para la TV y para la “red de redes”. Pero a su vez, romper esas barreras territoriales hace aflorar, visibiliza las diferencias culturales entre las personas, entre las comunidades, nos obliga a conocer a un otro con costumbres, con valores, discursos y sistemas de pensamiento distintos. En tal sentido, la comunicación, y esto es lo que la diferencia del concepto de información, requiere escuchar al otro, exige una actividad, un esfuerzo por comprenderlo, implica interactuar entre emisor, mensaje y receptor. Comunicación también supone tolerancia, implica respetar al otro, más allá de las diferencias y darle validez a su discurso. La comunicación tiene una dimensión democratizadora.

La última novedad de la red, es lo que durante los últimos dos años se ha denominado Internet 2.0, lo que los gurúes de la tecnología llaman la nueva Internet. Se trata del fenómeno masivo de blogs y fotologs, de sitios como You Tube, de enciclopedias comunitarios como Wikipedia, del movimiento del periodismo ciudadano y de juegos y comunidades virtuales como Second Life, en dónde ya el usuario “común” es productor de contenidos y dónde supuestamente se rompe la unidireccionalidad de medios como la TV o la Radio donde el mensaje iba de uno a muchos, para pasar a una interactividad donde ya no se distingue productor y receptor del mensaje. Dominique Wolton critíca esta visión afirmando que “continuamos asimilando interactividad y comunicación. Soy interactivo, por lo tanto comunico. Soy un ‘buen interactivo’, por lo tanto soy un buen comunicador. Ahora bien, la comunicación no es sólo la interactividad entre un emisor y un receptor, sino que pone en escena tres participantes: el emisor, el mensaje y el receptor. El más complicado es siempre el receptor humano, que interpreta y responde lo que quiere” (1).

En definitiva, comunicación no es igual a información, estamos a partir de Internet posiblemente más interconectados en el mundo, tenemos una herramienta que permite romper distancias territoriales y estamos quizás también sobreinformados. Sin embargo, no es la tecnología, sino el uso que de ella hacen los seres humanos, la que determina el carácter más o menos democratizador, más o menos solidario, más o menos militante que la herramienta puede adquirir. Internet no refuerza vínculos por sí misma, no por competir con un japonés en un juego virtual o reírme con un video online de un marroquí conozco más de su cultura, me atrevo a superar mis prejuicios, tengo más respeto y tolerancia hacia sus costumbres, distintas a las mías. En definitiva, no por estar más informado sobre lo que hace me comunico más con ese otro cultural. Sobre ese fantasma se afirma esta Internet 2.0, la de la libertad: de informar a los otros lo que hago, de afirmar mi individualidad, pero sin considerar, al parecer, una dimensión colectiva.

Internet tiene en una de sus dimensiones la posibilidad de ser utilizada como una herramienta de movilización, de concientización social y de militancia política. Así lo ha demostrado el uso que de ella hacen los movimientos Antiglobalización y Ecologistas, entre otros. Pero aún estamos muy lejos de una verdadera era de la comunicación, si consideramos el carácter democratizador que la comunicación debería tener. Internet, dice Wolton “refuerza los valores individuales sin aportar ninguna respuesta a las preguntas de la democracia de masas: la igualdad colectiva y el respeto por las diferencias” (2). El gran objetivo que se plantea es entonces, no sólo conocer que hacen los otros, como si fueran piezas de museo inmóviles y puramente informativas, sino pensar en la manera de convivir con ese otro cultural, a pesar de y reconociendo nuestras diferencias.


Notas:

(1) Sobrevivir a Internet. Dominique Wolton. Editorial Gedisa, Barcelona 2000. Pág.48.

(2) Ibíd. Pág. 39.